Los bichos raros y la salud social

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Sí, lo confieso. Yo soy una. Soy una de esas bichas raras a las que la vida en sociedad, en según qué contextos, les supone un grandísimo esfuerzo.

En nuestra cultura, la extroversión, la efusividad, el charloteo, el tono elevado de voz, los festejos, el hacer vida en la calle y pasarse las noches de fiesta está no sólo aceptado, sino sobrevalorado.

España es así. Somos “alegres” y “dicharacheras” por naturaleza. Y eso supone una identidad social y personal de la que es bastante jodido andar separándose. Y no es que no me guste salir, charlar o bailar. Es sólo que me gusta hacerlo en momentos muy puntuales, y el resto del tiempo prefiero un estado de mayor tranquilidad. Porque a mi los silencios no me incomodan. De hecho, me encantan.

Si eres una bicheja raruna, seguramente andes tan cansada de los juicios como yo. Porque por un tema de identidad (como el que comentaba ayer con la carne) resulta que no sólo tienes que “chincharte” por tener gustos diferentes a los ensalzados, sino que además tienes que soportar juicios, opiniones y consejos gratuitos que muy probablemente provengan de personas altamente integradas en nuestra cultura. Sí, de esas extrovertidas, fiesteras y con cientos de amigas.

Si te diferencias de la identidad y culturas que habitan en el lugar en el que estás, la lías. Generas alerta, incomodidad y desafío. Pones a la gente nerviosa, rompes el equilibrio y la armonía, y pasas a ser de forma oficial la señora aguafiestas.

Quizá no llegues a este punto. Quizá no tengas que ver del todo con lo que cuento, y sí en una pequeña parte. Por supuesto hay diferentes grados. Unas somos más permisivas (o sacrificadas) que otras. Pero al final el sentimiento de no pertenencia al grupo viene a ser el mismo.

Cuando surge algún evento, viaje o fiesta, mi primera reacción siempre es decir que “sí” a todo. No es un “sí” del todo sincero, para que mentirnos. Es un “sí” fruto del trabajo personal de muchos años en el que “me obligo” a mi misma a integrarme. Y no es una obligación dolorosa. Lo hago porque sé que luego voy al lugar de turno, con la gente que toca, y por norma general acabo pasándolo bien y volviendo a casa con la sensación de que “ha merecido la pena”. Pero aunque no es obligación dolorosa, sí es costosa. Me cuesta la vida arrancar, porque mi estado natural es la quietud, la calma, la mantita en el sofá, la introspección, los libros al sol, y las conversaciones directas, de a dos (tres máximo), envueltas en un silencio sepulcral alejado de musiqueo, murmullos o tráfico.010708-bicho-raro

Esta es mi tendencia natural. Pero no es la realidad en la que vivo. Y como soy consciente de ello, procuro “esforzarme” para integrarme. Que dicho así suena más grave de lo que realmente es. Pero creo que son las palabras adecuadas porque es como lo vivo.

En ese esfuerzo, hay que andarse con ojo. Hay que tener cuidado de no faltarnos al respeto. Porque cuando una se esfuerza en ser como no es o estar donde no quiere, puede caerse en la falta de respeto hacia una misma. Yo procuro hacerlo respetándome (no siempre me sale). Y créeme que la opción más sencilla sería no hacerlo… pero lo hago por mi “salud social”.

Es como cuando tienes una pereza tremenda a la hora de hacer deporte, pero finalmente levantas el culo del sofá y te subes a la bicicleta porque sabes que tendrá consecuencias positivas para ti. Pues viene a ser algo así, pero llevado a las relaciones sociales.

Soy consciente de que quizá esto suene incomprensible para muchas personas. Para mi también es incomprensible que alguien quiera pasarse la noche bebiendo y gritando para estar hecha polvo al día siguiente. Aquí la cuestión no pasa por comprender. Pasa más bien, por respetar los gustos de cada cual.

¿Qué pasaría si yo fuerzo a una persona extrovertida a estar un fin de semana sola en un retiro espiritual, con libros de medicina china y plantas medicinales (o bueno va, de lo que le guste :p). En silencio, meditando y con la única pantalla que la imagen del paisaje que pueda ver desde la ventana o el porche del lugar? Es probable que para empezar no quisiera ir. Que una vez allí le costase mucho ponerse a leer, a meditar, etc. Luego quizá, puede que empiece a disfrutarlo. O quizá se de cuenta de que definitivamente eso no le gusta y quiere irse con sus colegas tal y como tenía previsto. Sino se le pasa, sin duda volverá a casa muy cabreada tras un fin de semana horrible.

Sí. Ella sabe que el contenido del libro es muy interesante. Que la meditación le vendrá bien para desconectar. Que el paisaje del lugar es precioso y está cargado de oxígeno puro que desintoxicará sus pulmones… Y por todo eso y algún motivo más, decide ir. Pero costarle, le cuesta. Y mucho. E incluso puede que mientras se decide y no cambie mil veces de opinión, y acabe pareciendo medio loca-tripolar.

Pues es lo mismo pero al revés. ¿Lo ves ahora más claro?

Bicheja raruna es parte de mi identidad. Afortunadamente y gracias a un profundo entrenamiento, a menudo puedo deshacerme del traje y colocarme otros. Y en mis días buenos, hasta consigo disfrutar “perdiendo” el tiempo jugando a algún videojuego o juego de mesa que pretende matar zombies o conquistar el mundo…(¡cuando podría estar leyendo un libroooo!) Pero los días que no lo consigo, lo paso regular. Porque me fuerzo a mí misma, y porque el entorno social generalmente en vez de valorar mi esfuerzo tiende a juzgarme y exigirme más.

¿A ti también te pasa?


 

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Sanacea
Sanacea
Hola, soy Nuria, naturópata y madre de una niña adorable. He creado esta web para compartir contigo información que considero muy importante para nuestra salud y bienestar, y que desgraciadamente muchas veces desconocemos. Aquí podrás encontrar información sobre medicinas alternativas, terapias y tratamientos naturales, alimentación, libros y recursos recomendados, etc. Todo ello creado desde un profundo respeto hacia lo que somos, hacia la naturaleza, y hacia el resto de los seres vivos que nos acompañan en este viaje. Es un placer tenerte entre mis líneas, y estaré encantada de que compartas conmigo dudas, sugerencias o cualquier otra cosa que desees hacerme llegar.

2 Comments

  1. Nuria dice:

    Pues…creo que realmente le pasa a muchas más gente de la que realmente lo reconoce. Porque , por suerte, cada uno de nosotros somos diferentes. Pero para no parecerlo hacemos caso a la “manada” y seguimos su ritmo allá donde vaya. Los años vividos me han demostrado que aunque seamos diferentes también somos “más parecidos” de lo que creemos. Todos buscamos, consciente o inconscientemente, esa calma. Esa calma que solo la da el encontrarse “agustito” con uno mismo, el no tener miedo a la, muchas veces malentendida, soledad. Y es por ese miedo que la gente busca el “ruido”, la “inconsciencia” de las copas de más…
    Porque encontrarse a uno mismo cuesta mucho; y no todos están dispuestos a enfrentarse a ese gran reto. Pero detrás de muchos caparazones se encuentra mucha gente interesante que nos enseña otras formas de ver la vida, de entenderla y de afrontarla. Así que por ” salud social” está genial ese esfuerzo; y confieso que muchas veces me he sentido también así. Un saludo y gracias!

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